sábado, 29 de octubre de 2011

Fuera de Curso.

Así están las cosas en mi país... y no es que no lo hayan estado antes o que fuera indiferente, pero cuando te topas de frente con esta realidad, es cuando realmente puedes sentir su crudeza. Las injusticias y atropellos se viven a flor de piel, cada vez más, en cada esquina. Como estudiante de medicina, me toca enfrentarme a esta realidad de diferente forma y aunque no lo expreso muy seguido, duele sentirse tan impotente, tan inútil frente a situaciones que no deberían ser. 

Y es palpable en todos los aspectos, la falta de tacto que corroe el medio, el desinterés. 

Esta semana en el centro de salud, estuve conversando con una señora mayor, que tocó mi alma. Su situación es la misma de miles de personas de la tercera edad en RD, es precaria, es horrible, es un cuento de terror que no quieres escuchar dos veces. 

La señora trabaja en las calles, todos los días sin falta, vendiendo ropas de niños bajo el incesante sol. No pregunté su edad específica, pero rallaba en los 60 largos, se notaban en su tez y también en su cansancio. Al terminar un día de trabajo arduo, no hay nadie que la reciba, llega a su morada vacía; es viuda desde hace unos 8 años, y al preguntarle si tenía hijos, me confesó ser estéril.

Hablamos de su sentir acerca de las oportunidades que le son brindadas, del trato que recibe siendo una persona mayor y como se siente con respecto a la situación de los envejecientes en RD. No es muy letrada, pero supo por experiencia propia, describirme y explicarme a la perfección cómo es esta vida que les ofrecen. 

No le son proporcionadas posibilidades de trabajo, diciéndome que solo le ofrecen trabajos de limpieza y que a su edad no le parece muy correcto, pero que los toma cuando tiene la oportunidad, porque necesita de qué comer. El gobierno no la ayuda, nisiquiera con los miseros 300 y pico de pesos que les corresponden a los mayores pensionados, ¡nada!. Y la doña pasando las de Caín, como igual lo hacen muchísimas más personas mayores en nuestro país.

Se ha perdido el respeto, se están violando los derechos... son sin duda los estragos de la corrupción. Y ahora se suman las muertes injustificadas... ¿adónde vamos a parar?...


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